Re: Retos literarios de noviembre 2022
Publicado: Jue Nov 03, 2022 11:13 am
Aquí va mi relato. =)
LA BRUJA Y LOS GATOS
—¿Qué se hace con las brujas cuando las pescas? —preguntó Maximiliano al tiempo que se rascaba la cabeza.
Ninguno de los presentes conocía la respuesta. Habían enviado a un mensajero en busca de algún representante de la iglesia del pueblo vecino (las prisioneras habían asesinado a los párrocos locales), sin embargo, temían tener que esperar algunos días hasta que volvieran. La cuestión con la brujería era que involucraba al diablo, a diferencia de otras formas de hechicería, y esto ponía a todos nerviosos.
—Yo creo que las queman —dijo Francisco, el herrero.
—Y yo creo que las echan al río a ver si flotan —dijo Roberto, mostrando luego una sonrisa a la que le faltaban varios dientes.
—Para quemarlas necesitaríamos a alguien con experiencia —dijo Maximiliano—, pero tampoco quisiera arrojarlas al río, no vaya a ser que se escapen. ¡Mejor las ahorcamos! Y si sobreviven, pues que se queden colgando hasta que vuelva nuestro mensajero con alguien que sepa qué hacer con ellas.
Corría el año 1666, el mismo que viera arder la ciudad de Londres. Entre en las colonias del Nuevo Mundo había una isla remota que tenía un pequeño poblado, donde la moda de cazar brujas había llegado con décadas de retraso. Ahora que tenían cuatro brujas en sus manos, no estaba claro cuál era el correcto proceder; nunca antes habían encontrado un problema parecido.
Tras torturar a las mujeres, tres de ellas habían confesado cometer el crimen siguiendo las órdenes de la vieja Úrsula.
—Pero yo no sabía que ella era una bruja, lo hice por el dinero —dijeron las tres, cada una por separado, durante los respectivos interrogatorios.
Lo más sensato era deducir que las cuatro eran brujas y que Úrsula era la cabecilla del grupo.
—¿Cómo se llama la que manda más entre un puñado de brujas? —preguntó Francisco, el herrero. Nadie sabía la respuesta. Maximiliano dijo que ni siquiera sabía si existía una palabra para eso.
Las colgarían a todas, por si acaso. De ser inocentes del cargo de brujería, igual eran culpables de asesinato. En todo caso, nada valioso se perdería con sus muertes: Úrsula era una anciana antipática que no tenía familia. Ana era una buscapleitos que reñía con todo el mundo. Rosamunda era mujer de mala reputación. Y nadie sabía de dónde había salido Concepción, ni qué pecados traía consigo.
Erigieron el cadalso dentro de la celda. Si las brujas sobrevivían el castigo, quedarían atrapadas de todas maneras. Por precaución pensaban dejarlas allí hasta que volviera el mensajero, presentaran o no signos de vida después de la ejecución.
Condujeron a las mujeres a la celda y las obligaron a pararse en fila, allí les pusieron la soga al cuello. El herrero, que también hacía de verdugo en sus ratos libres, accionó el mecanismo y las mujeres quedaron colgando. Todas se retorcieron por un minuto o dos, con la excepción de Ana, la única a la que se le rompió el cuello y tuvo un final rápido. Al cabo se fueron quedando quietas, parecían estar muertas.
Cuando los hombres creían que todo había acabado, el cuerpo de Úrsula comenzó a burbujear y a quebrarse en trozos que al precipitarse fueron adoptando la forma de gatos negros: ¡dos docenas en total! Los animales, maullando y bufando, corrieron y saltaron en todas las direcciones, y escaparon por entre los barrotes. Se procedió a perseguirles por toda la prisión y fue posible juntar veintitrés gatos. Uno faltaba.
Se preguntaron si sería buena idea ahorcar a los gatos, pero como esto no había funcionado con Úrsula, era muy probable que tampoco funcionaría con los animales en los que se había convertido. Decidieron decapitar a los gatos.
Mientras tanto habían dejado los cuerpos de las otras mujeres muy bien vigilados. Ninguno se transformó en gato ni en algún otro animal. Quizás sí eran inocentes de brujería después de todo, pero como seguían siendo culpables de asesinato, todos pensaron que estaba bien haberlas colgado.
Uno por uno le fueron pasando los gatos al herrero, quien los decapitó con un hacha bien afilada y los fue arrojando en un montón. Cuando terminó con el último, a todos les pareció que había movimiento entre el montón de cuerpecitos decapitados. ¡Estaban en lo cierto! No sólo se movían los cadáveres, sino que se estaban transformando en un millar de pulgas. Trataron de pisarlas, pero era imposible detenerlas a todas. Las pulgas brincaron por todas partes, infectando a todos los presentes. La mordedura de las pulgas los fue dejando hipnotizados, primero a los captores y luego a los demás habitantes del pueblo. Hombres y mujeres permanecían de pie, en trance, habiendo perdido la capacidad de pensar por cuenta propia.
El gato que faltaba salió de las sombras y todas las pulgas volvieron a él. Cubrieron por completo al animal y formaron un montículo informe que fue irguiéndose y adoptando forma humana hasta quedar convertido en un cuerpo humano hecho de pulgas con cabeza de gato. Luego todos los animales se fundieron y de esta mezcla brotó el cuerpo desnudo de la vieja Úrsula. Con una mirada perspicaz y las pupilas de sus ojos alargadas como las de los gatos, la bruja miró a su alrededor y empezó a reír con profunda maldad.
El mensajero regresó al pueblo pocos días después junto a un comité enviado para hacerse cargo del asunto de las brujas. Encontraron las calles y casas vacías. Al cabo de una extensa búsqueda, hallaron a todas las personas desaparecidas: estaban ahorcadas en las ramas de un gran número de árboles en un bosquecillo a orillas del río.
LA BRUJA Y LOS GATOS
—¿Qué se hace con las brujas cuando las pescas? —preguntó Maximiliano al tiempo que se rascaba la cabeza.
Ninguno de los presentes conocía la respuesta. Habían enviado a un mensajero en busca de algún representante de la iglesia del pueblo vecino (las prisioneras habían asesinado a los párrocos locales), sin embargo, temían tener que esperar algunos días hasta que volvieran. La cuestión con la brujería era que involucraba al diablo, a diferencia de otras formas de hechicería, y esto ponía a todos nerviosos.
—Yo creo que las queman —dijo Francisco, el herrero.
—Y yo creo que las echan al río a ver si flotan —dijo Roberto, mostrando luego una sonrisa a la que le faltaban varios dientes.
—Para quemarlas necesitaríamos a alguien con experiencia —dijo Maximiliano—, pero tampoco quisiera arrojarlas al río, no vaya a ser que se escapen. ¡Mejor las ahorcamos! Y si sobreviven, pues que se queden colgando hasta que vuelva nuestro mensajero con alguien que sepa qué hacer con ellas.
Corría el año 1666, el mismo que viera arder la ciudad de Londres. Entre en las colonias del Nuevo Mundo había una isla remota que tenía un pequeño poblado, donde la moda de cazar brujas había llegado con décadas de retraso. Ahora que tenían cuatro brujas en sus manos, no estaba claro cuál era el correcto proceder; nunca antes habían encontrado un problema parecido.
Tras torturar a las mujeres, tres de ellas habían confesado cometer el crimen siguiendo las órdenes de la vieja Úrsula.
—Pero yo no sabía que ella era una bruja, lo hice por el dinero —dijeron las tres, cada una por separado, durante los respectivos interrogatorios.
Lo más sensato era deducir que las cuatro eran brujas y que Úrsula era la cabecilla del grupo.
—¿Cómo se llama la que manda más entre un puñado de brujas? —preguntó Francisco, el herrero. Nadie sabía la respuesta. Maximiliano dijo que ni siquiera sabía si existía una palabra para eso.
Las colgarían a todas, por si acaso. De ser inocentes del cargo de brujería, igual eran culpables de asesinato. En todo caso, nada valioso se perdería con sus muertes: Úrsula era una anciana antipática que no tenía familia. Ana era una buscapleitos que reñía con todo el mundo. Rosamunda era mujer de mala reputación. Y nadie sabía de dónde había salido Concepción, ni qué pecados traía consigo.
Erigieron el cadalso dentro de la celda. Si las brujas sobrevivían el castigo, quedarían atrapadas de todas maneras. Por precaución pensaban dejarlas allí hasta que volviera el mensajero, presentaran o no signos de vida después de la ejecución.
Condujeron a las mujeres a la celda y las obligaron a pararse en fila, allí les pusieron la soga al cuello. El herrero, que también hacía de verdugo en sus ratos libres, accionó el mecanismo y las mujeres quedaron colgando. Todas se retorcieron por un minuto o dos, con la excepción de Ana, la única a la que se le rompió el cuello y tuvo un final rápido. Al cabo se fueron quedando quietas, parecían estar muertas.
Cuando los hombres creían que todo había acabado, el cuerpo de Úrsula comenzó a burbujear y a quebrarse en trozos que al precipitarse fueron adoptando la forma de gatos negros: ¡dos docenas en total! Los animales, maullando y bufando, corrieron y saltaron en todas las direcciones, y escaparon por entre los barrotes. Se procedió a perseguirles por toda la prisión y fue posible juntar veintitrés gatos. Uno faltaba.
Se preguntaron si sería buena idea ahorcar a los gatos, pero como esto no había funcionado con Úrsula, era muy probable que tampoco funcionaría con los animales en los que se había convertido. Decidieron decapitar a los gatos.
Mientras tanto habían dejado los cuerpos de las otras mujeres muy bien vigilados. Ninguno se transformó en gato ni en algún otro animal. Quizás sí eran inocentes de brujería después de todo, pero como seguían siendo culpables de asesinato, todos pensaron que estaba bien haberlas colgado.
Uno por uno le fueron pasando los gatos al herrero, quien los decapitó con un hacha bien afilada y los fue arrojando en un montón. Cuando terminó con el último, a todos les pareció que había movimiento entre el montón de cuerpecitos decapitados. ¡Estaban en lo cierto! No sólo se movían los cadáveres, sino que se estaban transformando en un millar de pulgas. Trataron de pisarlas, pero era imposible detenerlas a todas. Las pulgas brincaron por todas partes, infectando a todos los presentes. La mordedura de las pulgas los fue dejando hipnotizados, primero a los captores y luego a los demás habitantes del pueblo. Hombres y mujeres permanecían de pie, en trance, habiendo perdido la capacidad de pensar por cuenta propia.
El gato que faltaba salió de las sombras y todas las pulgas volvieron a él. Cubrieron por completo al animal y formaron un montículo informe que fue irguiéndose y adoptando forma humana hasta quedar convertido en un cuerpo humano hecho de pulgas con cabeza de gato. Luego todos los animales se fundieron y de esta mezcla brotó el cuerpo desnudo de la vieja Úrsula. Con una mirada perspicaz y las pupilas de sus ojos alargadas como las de los gatos, la bruja miró a su alrededor y empezó a reír con profunda maldad.
El mensajero regresó al pueblo pocos días después junto a un comité enviado para hacerse cargo del asunto de las brujas. Encontraron las calles y casas vacías. Al cabo de una extensa búsqueda, hallaron a todas las personas desaparecidas: estaban ahorcadas en las ramas de un gran número de árboles en un bosquecillo a orillas del río.