Crear un relato basado en una de las siguientes opciones:
1.- Basado en el siguiente título: La mujer que hablaba con los animales y abandonó la ciudad para vivir en el bosque.
2.- Basado en el siguiente estado de ánimo: Sufriendo bloqueo de escritor después de que mi personaje principal cometiera un crimen horroroso.
3.- Basado en el siguiente género loco: post apocalíptico, medicinal, infantil
Reto Literario 5
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Melina Larzo
- Mensajes: 50
- Registrado: Dom Nov 06, 2022 1:24 am
Re: Reto Literario 5
Han sido semanas muy ocupadas y la creatividad está en pausa. veré si la chispa lográ salir 
Re: Reto Literario 5
No te preocupes, parece que todos nos atrasamos con el reto esta semana, jeje. Espero que puedas encontrar tiempo para escribir y recobrar la creatividad pronto. =)Melina Larzo escribió: ↑Dom Dic 04, 2022 8:47 am Han sido semanas muy ocupadas y la creatividad está en pausa. veré si la chispa lográ salir![]()
Mañana publicaré el siguiente reto de todas formas. Ya sea que prefieran hacer éste en otro momento o saltárselo, estaré esperando para leer sus relatos.
- Sebastián Luque - iz
- Mensajes: 121
- Registrado: Mié Nov 02, 2022 3:20 pm
Re: Reto Literario 5
Mmm... Ya veré por donde arranco, espero ponerme al día este finde...

- Sebastián Luque - iz
- Mensajes: 121
- Registrado: Mié Nov 02, 2022 3:20 pm
Re: Reto Literario 5
Éste me divirtió bastante, lo iba a seguir un poco, pero no quería que se volviera redundante.
Martín se levantó de la silla, la tomó con ambas manos y la agitó dos veces, con fuerza, de arriba abajo, hasta que el caño que sostenía el asiento se estiró lo suficiente según su criterio. Volvió a recordar que debía comprar una nueva, que luego debería buscar en mercadolibre alguna económica.
Se arrellanó con suma cautela, cuidando que no volviera a hundirse. Un tímido codo por aquí… El otro por allí… Espalda, cuidado, cuidado… Y un pie cruzado sobre el otro. Listo. Ya podía continuar.
O tal vez no.
Tal vez debía ocuparse de comprar la silla, antes de que se le pasara el malestar por interrumpir su tarea. ¿Cuánto podía tomarle? Miró el reloj que colgaba delante de su cama: ya eran las diez de la mañana, llevaba dos horas sin avanzar.
—Si arranco ahora, y media ya la tengo comprada, puede que me llegue hoy. Tengo que traer jugo, me falta algo para tomar… —Resistió el impulso de levantarse—. ¡No! —Se dijo en un susurro mientras se indicaba con ambas palmas que debía detenerse—. A trabajar, no se puede perder más tiempo por hoy…
Levantó su teclado y lo acomodó en el mismo lugar. Por dos segundos miró la pantalla: le alcanzaron para refrescarle el rechazo.
Negó para sí y juntó las manos delante de su boca, como si estuviera a punto de recitar una plegaria.
—¿Cómo pudiste…? —fue todo lo que dijo.
Con la llave tan firme y la fuerza de la juventud, la disputa no podía tener otra resolución.
Cosme apretó con fuerza los ojos, con las manos intentó rasguñar aquellos antebrazos que le parecieron de acero, un intento de mordida… No le daba el ángulo.
—¡Arghhh! —Balbuceó con desesperación—. Martín…
Fueron al piso. Si los jarros tenían alguna función, ya era tarde porque hasta el último se rompió.
—¡No! —Fue el alarido del joven.
El contador ya se agotaba.
Cosme intentó girarse, buscó con una rodilla alcanzar la mugrosa superficie, pero ahora sentía que ya nada le respondía.
Notó su sangre en los ojos.
Ambos parecían una tortuga sobre su caparazón: el moreno apoyaba su espalda en el piso, con los restos de cerámica rota rasgándolo, e inmovilizaba al viejo sobre él.
Cosme quiso murmurar por piedad y solo sintió fuego en su garganta… en el pecho….
Martín no aflojó su agarre ni cuando el otro dejó de moverse.
Martín no pudo continuar leyendo. Se tapó la cara con ambas manos, con los codos sobre el escritorio y sintió como si alguien le retorciera todas las cosas que tendría dentro del pecho.
—¿Y ahora… quién va a abrir la florería? —La voz se le quebró—. Los hijos se la van a vender, esos desgraciados, si no lo querían al pobre viejo…
Sin abrir los ojos tanteó en busca de otro pañuelo descartable, aunque estaba decidido a no llorar de nuevo.
Veinte minutos le tomó sosegarse. En algún momento de éstos la silla se le había vuelto a bajar. Al darse cuenta también recordó que tenía sed.
—No. Hay que seguir —se dio la orden y volvió a la pantalla, apoyando la espalda en el respaldo—. Dos semanas ya… Es demasiado…
Entre la ensalada de letras se le destacó primero aquel nombre. Su nombre. “¿Cómo pudiste? Tenías que encontrar otra solución… ¿No te dio pena el pobre viejo?”, le recriminó en su interior. El nombre en la pantalla no se inmutó. Su impavidez, su firmeza eran imponentes como una montaña. “Este tipo está loco”, se dijo el escritor, “Cero remordimientos”.
“Martín”.
—No, vos no te podés llamar como yo —definió Martín, y comenzó a cambiar los nombres.
Martín se levantó de la silla, la tomó con ambas manos y la agitó dos veces, con fuerza, de arriba abajo, hasta que el caño que sostenía el asiento se estiró lo suficiente según su criterio. Volvió a recordar que debía comprar una nueva, que luego debería buscar en mercadolibre alguna económica.
Se arrellanó con suma cautela, cuidando que no volviera a hundirse. Un tímido codo por aquí… El otro por allí… Espalda, cuidado, cuidado… Y un pie cruzado sobre el otro. Listo. Ya podía continuar.
O tal vez no.
Tal vez debía ocuparse de comprar la silla, antes de que se le pasara el malestar por interrumpir su tarea. ¿Cuánto podía tomarle? Miró el reloj que colgaba delante de su cama: ya eran las diez de la mañana, llevaba dos horas sin avanzar.
—Si arranco ahora, y media ya la tengo comprada, puede que me llegue hoy. Tengo que traer jugo, me falta algo para tomar… —Resistió el impulso de levantarse—. ¡No! —Se dijo en un susurro mientras se indicaba con ambas palmas que debía detenerse—. A trabajar, no se puede perder más tiempo por hoy…
Levantó su teclado y lo acomodó en el mismo lugar. Por dos segundos miró la pantalla: le alcanzaron para refrescarle el rechazo.
Negó para sí y juntó las manos delante de su boca, como si estuviera a punto de recitar una plegaria.
—¿Cómo pudiste…? —fue todo lo que dijo.
Con la llave tan firme y la fuerza de la juventud, la disputa no podía tener otra resolución.
Cosme apretó con fuerza los ojos, con las manos intentó rasguñar aquellos antebrazos que le parecieron de acero, un intento de mordida… No le daba el ángulo.
—¡Arghhh! —Balbuceó con desesperación—. Martín…
Fueron al piso. Si los jarros tenían alguna función, ya era tarde porque hasta el último se rompió.
—¡No! —Fue el alarido del joven.
El contador ya se agotaba.
Cosme intentó girarse, buscó con una rodilla alcanzar la mugrosa superficie, pero ahora sentía que ya nada le respondía.
Notó su sangre en los ojos.
Ambos parecían una tortuga sobre su caparazón: el moreno apoyaba su espalda en el piso, con los restos de cerámica rota rasgándolo, e inmovilizaba al viejo sobre él.
Cosme quiso murmurar por piedad y solo sintió fuego en su garganta… en el pecho….
Martín no aflojó su agarre ni cuando el otro dejó de moverse.
Martín no pudo continuar leyendo. Se tapó la cara con ambas manos, con los codos sobre el escritorio y sintió como si alguien le retorciera todas las cosas que tendría dentro del pecho.
—¿Y ahora… quién va a abrir la florería? —La voz se le quebró—. Los hijos se la van a vender, esos desgraciados, si no lo querían al pobre viejo…
Sin abrir los ojos tanteó en busca de otro pañuelo descartable, aunque estaba decidido a no llorar de nuevo.
Veinte minutos le tomó sosegarse. En algún momento de éstos la silla se le había vuelto a bajar. Al darse cuenta también recordó que tenía sed.
—No. Hay que seguir —se dio la orden y volvió a la pantalla, apoyando la espalda en el respaldo—. Dos semanas ya… Es demasiado…
Entre la ensalada de letras se le destacó primero aquel nombre. Su nombre. “¿Cómo pudiste? Tenías que encontrar otra solución… ¿No te dio pena el pobre viejo?”, le recriminó en su interior. El nombre en la pantalla no se inmutó. Su impavidez, su firmeza eran imponentes como una montaña. “Este tipo está loco”, se dijo el escritor, “Cero remordimientos”.
“Martín”.
—No, vos no te podés llamar como yo —definió Martín, y comenzó a cambiar los nombres.
Re: Reto Literario 5
jajaja buen relato. Me divertí leyendo!
Y esta semana fuiste el único!
Saludos.
P.d. Como va la escritura de la novela?
Y esta semana fuiste el único!
Saludos.
P.d. Como va la escritura de la novela?
- Sebastián Luque - iz
- Mensajes: 121
- Registrado: Mié Nov 02, 2022 3:20 pm
Re: Reto Literario 5
Gracias, gracias
Vengo con un bloqueo galopante, no puedo avanzar desde octubre
Creo que los retos del Escritubre me revivieron las ganas de escribir cuentos y no puedo volver al formato a largo plazo
Pero estoy escuchando y revisando lo que ya tengo escrito mientras tanto, está bueno corregir también
Qué estés bien!