El rancho esta silencioso
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Melina Larzo
- Mensajes: 50
- Registrado: Dom Nov 06, 2022 1:24 am
El rancho esta silencioso
Hola, se siente demasiado tranquilo aquí.
dejo la tonta historia de Joaquina por si alguien quiere leer algo
CAPÍTULO 1
"La boda de Joaquina"
Planear una boda tiene sus complicaciones, como siempre "detalles", que para toda novia son importantes. Pero en ésta en particular. el detalle va más allá, y el mayor problema es que no solo mi vida está en peligro.
Es mejor que hable desde el principio. Cómo todos aquí en ésta zona urbana, somos modestos trabajadores, de jornada diría yo.
Era un barrio muy tranquilo, hasta que llegó la vecina del frente. La vieja casona fue remodelada de pies a cabeza, sin faltar ni un solo tornillo. Mi hermano Pancho, me contó que la casa era un verdadero palacete, a él le tocó hacer terminaciones, ya que la empresa constructora dónde trabaja, fue la que se hizo cargo de la remodelación.
Bueno, como se darán cuenta , el barrio se volvió el centro del ambiente social, fiestas, autos de lujo y música, mucha música. al menos debo decir que la música no está nada mal, me agradan los 80.
Para hacer más corta mi historia.
Una mañana al salir a mi trabajo, en la puerta me esperaba un mastodonte de 2 metros, vestido de negro hasta la gafas. Y me dijo :
_La Señora Trevor, necesita hablar con usted. Yo confundida, dije ¿Qué, Quién?..., la cosa es que me tomó de una ala y me llevó a la famosa casa.
Ahí estaba yo, sentada en una oficina, que me costaba ver por el reflejo de los relucientes objetos, parecía de esas cuevas dónde están todos los tesoros apilados por doquier, brillo, brillo, brillo.
Ya no podía estar más asustada, y el mastodonte no despintaba su mirada engafada de mi escualida persona, que iba a hacer para salir de ahí. Darle una patada, primero me quiebro el pies y un puro manotazo me dejaría incrustada en los jarros de pocelana del fondo de la habitación.
Entró la Señora Trevor, muy despampanante y vestida de figurín, seguida de su séquito de hombres de negro.
Me miró detenidamente. Me sentí tan pequeña, mucho más de lo baja que era, como si mis pies colgaran de la silla donde permanecía sentada.
Ella se sentó frente al escritorio y abrió una carpeta con documentos y luego me miró, algo me parecía familiar en ella, quizás esa sonrisa burlona, no sé, puede ser el nerviosismo del momento lo que me puso imaginativa.
Ella habló directo y sin rodeos: _Querida niña, tú trabajas para la empresa de banquetería, que ha sido contratada para realizar la boda de mi hija, ella llega mañana desde Francia. Dicho evento se realizará en 2 días más.
El asuntos es el siguiente, mi pequeña hija, que es muy caprichosa ha decidido casarse, ya está en una buena edad para ello, ha conocido mundo más que suficiente. Yo le conté de la remodelación de ésta casita en nuestro viejo barrio y de los hermosos detalles de carpintería que realizó un joven maestro.
Así que he decido tomarme el tiempo para decirte que tú hermano ha sido elegido por mi dulce Joaquina, para ser su marido.
Por lo tanto tú estarás a cargo de prepararlo todo, para que él esté presente ese día, si que arregla ese pequeño detalle y no tendremos ningún problema vital en el futuro.
Puede que no recuerdes, pero mi hija fue al mismo colegio que ustedes cuando pequeña. Sin mas rodeos, espero que todo esté listo en 2 días. Mi muchacho, apuntando al mastodonte, será tu acompañante para que todo salga...¡perfecto!
Se levantó de su silla y se marchó.
Quedé como hielo, el "pequeño detalle" era muy importante, mi hermano debía casarse con esa. Pero mi mayor tortura en este momento era saber que volvía a estar en las manos de ese monstruo de dientes metálicos, que me golpeó durante toda la primaria, Joaquina, "Joaquina la Asesina".
CAPÍTULO 2
La boda de Joaquina,
« La última cena »
En la gran casona de la Abuela, la jerarca máxima de esta pintoresca familia de manipuladores, maleantes y peligrosos enemigos. Fueron reunidos para ultimar los detalles de su próxima adquisición. No eran los doce apóstoles mas fieles a la causa que se reunían en esta mesa, las divisiones se hacían notar, pero la famosa boda estaba separando las aguas con mayor violencia.
_¡Silencio!_cuando la Mamma gruñía, mas valía hacer caso y la situación no estaba para hacer lo contrario_ golpeó con su bastón sobre la mesa, salpicando y rompiendo los platos.
_Pero no se dan cuenta del conflicto que se están echando encima_ masculló Tío Benito con la mandíbula apretada de rabia, cuantas veces había tenido que deshacerse de la evidencia, no en vano era dueño de una fábrica de cemento_ Esto nos va a sepultar a todos, ya no estamos en época de mafiosos.
_Joaquina siempre hace lo que le da la gana_ arremetió Tía Nora aprovechando el empujón de alegato de su hermano Benito. Ella nunca había apreciado a su sobrina Joaquina, no soportaba su engreimiento y ese soberbia mal encaminada, alimentada por la educación que le dió Marta, su cuñada, que le permitió todos los caprichos y delitos juveniles por no decir sus atrocidades y Mamma que la tenía como su nieta preferida.
_¡No se hable más del asunto!_gritó con mayor autoridad la Mamma_ la niña ya eligió y se hace simplemente y ¡Ay! de quién se oponga.
El sudor estaba traspasando la ropa que tenía puesta Dulcina, mas que el calor era su propia impotencia la que lo estaba provocando, no tenía mucha alternativa, todo se estaba escapando de las manos, tenía que actuar rápido y decidir, el amor hacia su familia o el amor propio, habla se decía a si misma.
_ Lo siento Mamma, pero yo no puedo apoyar este capricho de mi hermana, no por lo loca que es_ todos la miraron y Tía Nora le dio un codazo para que callara, entre ambas había mucho aprecio_ déjame hablar tía Nora.
_¡Esta loca!, no puede secuestrar a un hombre, eso es mal de familia y no lo voy a permitir. A ese hombre no lo van a tocar y ensuciar con su mugre. Él es buena persona_ no claudicó en su propósito de defender al pobre futuro novio.
_¿A ésta, que bicho le picó?-refunfuño su madre_ siempre tratando mal a tu hermana, eres un resentida.
_Cállate madre, tu has sido cómplice de todas sus fechorías, y usted también Tío Roberto_ apuntándolo_ ¿Cuántas veces la salvó de que no terminara en la cárcel?, usando sus contactos como abogado. Ustedes mis queridos hermanos Rigoberto, Manolo y Luis, siempre han estado al servicio de sus caprichos, todo por tener el favor de la Mamma, están muy bien acomodados en sus lujosas vidas.
Lo siento mucho por todos, pero como dicen por ahí « Me salgo del grupo y los dejo en visto ». Yo conozco muy bien al famoso novio y mi loca hermana lo sabe, sabe muy bien que lo conocí a través de internet, porque ella no pierde la oportunidad de joder mi vida, así que se pueden ir todos junto a la mierda.
Menos tía Nora que siempre has sido una gran mujer, Feíto mi hermanito menor, quién le dió un beso en la mejilla antes que ella se marchara.
Así que adiós_ agarró sus monos y petacas, se retiro.
_¡Vaya, la bruja de la Dulcina y sus secretos!_ dio su opinión Tío Rico, el hermano gerente del Banco Central_ hay que callar su lengua, antes que nos ensucie.
_Yo no voy a traicionar a mi sobrina_ Gritó Tío Benito
_Ni yo tampoco_ siguió Tía Nora
_Yo no soy ninguna loca_ Agregó Joaquina_ que se ha creído ésta, que es mejor que yo. De esta noche no pasa la maldita. A mi nadie me basurea y se sale así tan impune.
_ Vamos Mamma, dáme la orden y voy.
La Abuela miro a todos los sentados en esa última cena, no todos eran fieles a su causa, pero asumían su posición de súbditos. No podía manejar a esta oveja descarriada, todo buen pastor sabe como manejar su rebaño. Así que dejó la sentencia dictada.
_ Feíto y tu Lucía que estas siempre en la luna_ era la otra Tía de Joaquina_ se harán cargo del joven novio. ¡No quiero discusión!.
_Joaquina tienes mi bendición en tu boda, que continuará, busca otro candidato y haz con tu hermana lo que quieras.
_Ustedes dos_ apuntando a Nora y Benito_ si vuelven a discutir otra vez, se unirán en el jardín junto a su amada sobrina.
CAPÍTULO 3
Joaquina la Asesina
« La Dulce despedida »
_ Aquí estamos denuevo_ mencionó Dulcina, entre el nerviosismo y ansiedad del momento.
Todo se había entrelazado tanto que no había futuro para ellos dos. La condena de muerte pisaba sus talones y no podía dejar a su dulce amado y por ende a su exfutura cuñada, la desafortunada banquetera en manos de su brutal familia y su cruel hermana Joaquina.
La noche de la cena familiar trajo la oscuridad a su ya complicada existencia, así que con la ayuda de su fiel asistente encubierto el Mastodonte, quién después de todo había empezado a tener una relación un poco posesiva con la banquetera. Pusieron manos a la obra y los sacaron a hurtadillas de la zona de riesgo.
Viajaron por la carretera hacia occidente y decidieron pernoctar en un hotel de carretera, no tan lejos del embarcadero, para que a la mañana siguiente, Mastodonte los sacara del país. Las parejas tomaron las habitaciones adyacentes. Ésta noche no era lugar para fugitivos.
_ Sí, aquí estamos_ respondió también con nerviosismo_ Pancho, no sabía que pensar de todo el lío en el que estaba metido. Su vida era tan tranquila y tan monótona, que todo esto llenaba sus niveles de inquietud. ¿Por qué tuvo que darle « me gusta » a esa foto en internet?,¿Por qué siguió el juego de Dulcina?, ¿Por qué ?, en vez de pensar que su vida corre peligro, sólo quiere hacer de las suyas con ella, en esa misma habitación.
_ ¡Sabes bien que esta es una despedida!_ volvió a hablar Dulcina
_ Lo sé, pero me es difícil, no quiero perderte_ Pancho estaba en pensamiento meloso, no quería dejarla atrás, como algo pasajero.
_ Tuvimos nuestros momentos, además aún estamos aquí_ le reafirmó su posición, también anhelaba seguir con él.
_ ¿Tú crees que nos volveremos a ver?_ entre su dudas, comenzó a avanzar lentamente hacia ella
_ Es mejor dejar que el tiempo lo decida_ lo miró con toda la intensidad que la despedida puede dar.
_ Tú sabes, que siento algo más profundo por ti_ tomándola entre sus brazos para besarla.
_ Eso es lo que quiero sentir_ dijo ella aceptando su destino.
La noche ocultaba a los amantes, el reflejo y las sombras que se unían al unisono de viento. En la habitación contigua el vaivén también seguía el ritmo de la despedida.
CAPÍTULO4
Joaquina la asesina
« Al rojo vivo…y muertos también »
Las portadas del periódico indicaban « Cayó la reina de todos los reinos »
crónica periodística.
Anoche se realizó el golpe maestro a la reina de la nieve y su familia. Principalmente a uno de sus integrantes, la más buscada por la policía de narcóticos, denominada « Joaquina la asesina ». Quien llevaba a su haber, un cargamento de salsa roja que repartía a diestra y siniestra al que se opusiera a sus caprichos.
Con un plan quirúrgico se logró cercar e ese enjambre de bichos corruptos.
Los dispositivos estaban apostados a la espera de su aparición en tan anticipada boda.
Se dice que el personal encubierto realizó un trabajo a lo « tetris » para encajar meticulósamente todas las pruebas de ese puzzle corrupto de Joaquina y arrancar de raíz con el hacha de la ley todo tubérculo y mala hierba.
Fue una boda para las páginas rojas claramente, donde el plato principal fueron las balas, los dimes y diretes y un beso de Judas para tratar de agregar pecado a esta bazofia de familia.
El jefe de policía dijo a este medio:
« A las 00:40 se nos informó de la necesidad de refuerzos en el Sector poniente de la rinconada, en la ruta 234 de los bajos del sector urbano, emplazado al costado de la plaza de este barrio.
Donde se percutan disparos de armas de alto calibre, no registradas en el registro de armamento.
Procedemos a prestar nuestros servicios en conjunto con el servicio de narcótico, gracias al acuerdo de mutua cooperación de la central de inteligencia, policías y policías internacional ».
Gracias a nuestro esfuerzo periodístico relataremos lo mejor posible los hechos:
Se informó que en la madrugada del Viernes aproximadamente a las 2 de la madrugada, irrumpieron dos camionetas cuyos ocupantes armados, sacaron desde dos habitaciones de un motel cerca del embarcadero, a dos parejas que al parecer estaban en trabajo amatorio.
El personal de dicho lugar dijo « fueron muy violentos con las dos parejas, pero que no robaron nada en el motel »
El sábado, durante la jornada del día los vecinos llamaron con constancia a la policía por los excesos de ruidos, vehículos entorpeciendo el libre tránsito y mal estacionados, personas vestidas de etiqueta pero con actitudes muy amenazantes que accedieron a la casa recientemente restaurada, en el barrio mencionado con anterioridad.
Alrededor de las 10 de la noche comenzó la fiesta, la novia llegó radiante de aspecto, pero « cabrona » como siempre, según el relato de los mirones.
El novio llegó escoltado por guardias, se apreciaba su preocupación y miedo de acuerdo a la abuelita que miro todo lo que sucedió antes de que se cocinara el pastel.
La hermana de la novia y un mastodonte con aspecto de guarda espaldas, estaban esposados en un automóvil en las afueras de dicha casa, fue lo que vieron otros vecinos.
A las 11 de esa noche, se apostó una patrulla en las cercanías de el auto mencionado antes, procedió a chequear la situación, se realizaron los primeros enfrentamientos.
versiones dicen que las balas iban y venían como fuegos artificiales descontrolados. Nadie se explica como lograron salvar los dos ocupantes esposados del auto. Después se supo que eran agentes y la suerte estaba de su lado.
A las 11:30 la agente junto a su compañero mastodonte, ingresaron a la residencia, ella articulando la palabra « Dracarys », se alzo el fuego que tiño el recinto de rojo, algunos dicen que los vampiros estaban felices por tanto festín. No quedó mono parado con la intensión de disparar.
Al llegar la policía de refuerzo, la alfombra roja revestía desde el suelo hasta las paredes.
Todo según lo que dicen los vecinos: El novio fue rescatado y también su hermana y los dos oficiales encubiertos.
De la famosa Joaquina, se dice que al ver frustrado sus propósitos desquiciados se enfrento a su hermana Dulcina la agente y resolvieron sus disputas a puños y patadas. Joaquina traicionera como siempre trató de salirse con la suya, pero la justicia tarda pero llega. Fue acribillada por el personal de refuerzo cuando no quiso soltar el arma. Quedó más perforada que malla de harnero, todo según los vecinos.
Hemos tratado de confirmar todo este asunto pero hoy nadie se acuerda de nada, alguien dijo que llegaron unos fotógrafos de negro y después del flash, nadie se acuerda de nada.
dejo la tonta historia de Joaquina por si alguien quiere leer algo
CAPÍTULO 1
"La boda de Joaquina"
Planear una boda tiene sus complicaciones, como siempre "detalles", que para toda novia son importantes. Pero en ésta en particular. el detalle va más allá, y el mayor problema es que no solo mi vida está en peligro.
Es mejor que hable desde el principio. Cómo todos aquí en ésta zona urbana, somos modestos trabajadores, de jornada diría yo.
Era un barrio muy tranquilo, hasta que llegó la vecina del frente. La vieja casona fue remodelada de pies a cabeza, sin faltar ni un solo tornillo. Mi hermano Pancho, me contó que la casa era un verdadero palacete, a él le tocó hacer terminaciones, ya que la empresa constructora dónde trabaja, fue la que se hizo cargo de la remodelación.
Bueno, como se darán cuenta , el barrio se volvió el centro del ambiente social, fiestas, autos de lujo y música, mucha música. al menos debo decir que la música no está nada mal, me agradan los 80.
Para hacer más corta mi historia.
Una mañana al salir a mi trabajo, en la puerta me esperaba un mastodonte de 2 metros, vestido de negro hasta la gafas. Y me dijo :
_La Señora Trevor, necesita hablar con usted. Yo confundida, dije ¿Qué, Quién?..., la cosa es que me tomó de una ala y me llevó a la famosa casa.
Ahí estaba yo, sentada en una oficina, que me costaba ver por el reflejo de los relucientes objetos, parecía de esas cuevas dónde están todos los tesoros apilados por doquier, brillo, brillo, brillo.
Ya no podía estar más asustada, y el mastodonte no despintaba su mirada engafada de mi escualida persona, que iba a hacer para salir de ahí. Darle una patada, primero me quiebro el pies y un puro manotazo me dejaría incrustada en los jarros de pocelana del fondo de la habitación.
Entró la Señora Trevor, muy despampanante y vestida de figurín, seguida de su séquito de hombres de negro.
Me miró detenidamente. Me sentí tan pequeña, mucho más de lo baja que era, como si mis pies colgaran de la silla donde permanecía sentada.
Ella se sentó frente al escritorio y abrió una carpeta con documentos y luego me miró, algo me parecía familiar en ella, quizás esa sonrisa burlona, no sé, puede ser el nerviosismo del momento lo que me puso imaginativa.
Ella habló directo y sin rodeos: _Querida niña, tú trabajas para la empresa de banquetería, que ha sido contratada para realizar la boda de mi hija, ella llega mañana desde Francia. Dicho evento se realizará en 2 días más.
El asuntos es el siguiente, mi pequeña hija, que es muy caprichosa ha decidido casarse, ya está en una buena edad para ello, ha conocido mundo más que suficiente. Yo le conté de la remodelación de ésta casita en nuestro viejo barrio y de los hermosos detalles de carpintería que realizó un joven maestro.
Así que he decido tomarme el tiempo para decirte que tú hermano ha sido elegido por mi dulce Joaquina, para ser su marido.
Por lo tanto tú estarás a cargo de prepararlo todo, para que él esté presente ese día, si que arregla ese pequeño detalle y no tendremos ningún problema vital en el futuro.
Puede que no recuerdes, pero mi hija fue al mismo colegio que ustedes cuando pequeña. Sin mas rodeos, espero que todo esté listo en 2 días. Mi muchacho, apuntando al mastodonte, será tu acompañante para que todo salga...¡perfecto!
Se levantó de su silla y se marchó.
Quedé como hielo, el "pequeño detalle" era muy importante, mi hermano debía casarse con esa. Pero mi mayor tortura en este momento era saber que volvía a estar en las manos de ese monstruo de dientes metálicos, que me golpeó durante toda la primaria, Joaquina, "Joaquina la Asesina".
CAPÍTULO 2
La boda de Joaquina,
« La última cena »
En la gran casona de la Abuela, la jerarca máxima de esta pintoresca familia de manipuladores, maleantes y peligrosos enemigos. Fueron reunidos para ultimar los detalles de su próxima adquisición. No eran los doce apóstoles mas fieles a la causa que se reunían en esta mesa, las divisiones se hacían notar, pero la famosa boda estaba separando las aguas con mayor violencia.
_¡Silencio!_cuando la Mamma gruñía, mas valía hacer caso y la situación no estaba para hacer lo contrario_ golpeó con su bastón sobre la mesa, salpicando y rompiendo los platos.
_Pero no se dan cuenta del conflicto que se están echando encima_ masculló Tío Benito con la mandíbula apretada de rabia, cuantas veces había tenido que deshacerse de la evidencia, no en vano era dueño de una fábrica de cemento_ Esto nos va a sepultar a todos, ya no estamos en época de mafiosos.
_Joaquina siempre hace lo que le da la gana_ arremetió Tía Nora aprovechando el empujón de alegato de su hermano Benito. Ella nunca había apreciado a su sobrina Joaquina, no soportaba su engreimiento y ese soberbia mal encaminada, alimentada por la educación que le dió Marta, su cuñada, que le permitió todos los caprichos y delitos juveniles por no decir sus atrocidades y Mamma que la tenía como su nieta preferida.
_¡No se hable más del asunto!_gritó con mayor autoridad la Mamma_ la niña ya eligió y se hace simplemente y ¡Ay! de quién se oponga.
El sudor estaba traspasando la ropa que tenía puesta Dulcina, mas que el calor era su propia impotencia la que lo estaba provocando, no tenía mucha alternativa, todo se estaba escapando de las manos, tenía que actuar rápido y decidir, el amor hacia su familia o el amor propio, habla se decía a si misma.
_ Lo siento Mamma, pero yo no puedo apoyar este capricho de mi hermana, no por lo loca que es_ todos la miraron y Tía Nora le dio un codazo para que callara, entre ambas había mucho aprecio_ déjame hablar tía Nora.
_¡Esta loca!, no puede secuestrar a un hombre, eso es mal de familia y no lo voy a permitir. A ese hombre no lo van a tocar y ensuciar con su mugre. Él es buena persona_ no claudicó en su propósito de defender al pobre futuro novio.
_¿A ésta, que bicho le picó?-refunfuño su madre_ siempre tratando mal a tu hermana, eres un resentida.
_Cállate madre, tu has sido cómplice de todas sus fechorías, y usted también Tío Roberto_ apuntándolo_ ¿Cuántas veces la salvó de que no terminara en la cárcel?, usando sus contactos como abogado. Ustedes mis queridos hermanos Rigoberto, Manolo y Luis, siempre han estado al servicio de sus caprichos, todo por tener el favor de la Mamma, están muy bien acomodados en sus lujosas vidas.
Lo siento mucho por todos, pero como dicen por ahí « Me salgo del grupo y los dejo en visto ». Yo conozco muy bien al famoso novio y mi loca hermana lo sabe, sabe muy bien que lo conocí a través de internet, porque ella no pierde la oportunidad de joder mi vida, así que se pueden ir todos junto a la mierda.
Menos tía Nora que siempre has sido una gran mujer, Feíto mi hermanito menor, quién le dió un beso en la mejilla antes que ella se marchara.
Así que adiós_ agarró sus monos y petacas, se retiro.
_¡Vaya, la bruja de la Dulcina y sus secretos!_ dio su opinión Tío Rico, el hermano gerente del Banco Central_ hay que callar su lengua, antes que nos ensucie.
_Yo no voy a traicionar a mi sobrina_ Gritó Tío Benito
_Ni yo tampoco_ siguió Tía Nora
_Yo no soy ninguna loca_ Agregó Joaquina_ que se ha creído ésta, que es mejor que yo. De esta noche no pasa la maldita. A mi nadie me basurea y se sale así tan impune.
_ Vamos Mamma, dáme la orden y voy.
La Abuela miro a todos los sentados en esa última cena, no todos eran fieles a su causa, pero asumían su posición de súbditos. No podía manejar a esta oveja descarriada, todo buen pastor sabe como manejar su rebaño. Así que dejó la sentencia dictada.
_ Feíto y tu Lucía que estas siempre en la luna_ era la otra Tía de Joaquina_ se harán cargo del joven novio. ¡No quiero discusión!.
_Joaquina tienes mi bendición en tu boda, que continuará, busca otro candidato y haz con tu hermana lo que quieras.
_Ustedes dos_ apuntando a Nora y Benito_ si vuelven a discutir otra vez, se unirán en el jardín junto a su amada sobrina.
CAPÍTULO 3
Joaquina la Asesina
« La Dulce despedida »
_ Aquí estamos denuevo_ mencionó Dulcina, entre el nerviosismo y ansiedad del momento.
Todo se había entrelazado tanto que no había futuro para ellos dos. La condena de muerte pisaba sus talones y no podía dejar a su dulce amado y por ende a su exfutura cuñada, la desafortunada banquetera en manos de su brutal familia y su cruel hermana Joaquina.
La noche de la cena familiar trajo la oscuridad a su ya complicada existencia, así que con la ayuda de su fiel asistente encubierto el Mastodonte, quién después de todo había empezado a tener una relación un poco posesiva con la banquetera. Pusieron manos a la obra y los sacaron a hurtadillas de la zona de riesgo.
Viajaron por la carretera hacia occidente y decidieron pernoctar en un hotel de carretera, no tan lejos del embarcadero, para que a la mañana siguiente, Mastodonte los sacara del país. Las parejas tomaron las habitaciones adyacentes. Ésta noche no era lugar para fugitivos.
_ Sí, aquí estamos_ respondió también con nerviosismo_ Pancho, no sabía que pensar de todo el lío en el que estaba metido. Su vida era tan tranquila y tan monótona, que todo esto llenaba sus niveles de inquietud. ¿Por qué tuvo que darle « me gusta » a esa foto en internet?,¿Por qué siguió el juego de Dulcina?, ¿Por qué ?, en vez de pensar que su vida corre peligro, sólo quiere hacer de las suyas con ella, en esa misma habitación.
_ ¡Sabes bien que esta es una despedida!_ volvió a hablar Dulcina
_ Lo sé, pero me es difícil, no quiero perderte_ Pancho estaba en pensamiento meloso, no quería dejarla atrás, como algo pasajero.
_ Tuvimos nuestros momentos, además aún estamos aquí_ le reafirmó su posición, también anhelaba seguir con él.
_ ¿Tú crees que nos volveremos a ver?_ entre su dudas, comenzó a avanzar lentamente hacia ella
_ Es mejor dejar que el tiempo lo decida_ lo miró con toda la intensidad que la despedida puede dar.
_ Tú sabes, que siento algo más profundo por ti_ tomándola entre sus brazos para besarla.
_ Eso es lo que quiero sentir_ dijo ella aceptando su destino.
La noche ocultaba a los amantes, el reflejo y las sombras que se unían al unisono de viento. En la habitación contigua el vaivén también seguía el ritmo de la despedida.
CAPÍTULO4
Joaquina la asesina
« Al rojo vivo…y muertos también »
Las portadas del periódico indicaban « Cayó la reina de todos los reinos »
crónica periodística.
Anoche se realizó el golpe maestro a la reina de la nieve y su familia. Principalmente a uno de sus integrantes, la más buscada por la policía de narcóticos, denominada « Joaquina la asesina ». Quien llevaba a su haber, un cargamento de salsa roja que repartía a diestra y siniestra al que se opusiera a sus caprichos.
Con un plan quirúrgico se logró cercar e ese enjambre de bichos corruptos.
Los dispositivos estaban apostados a la espera de su aparición en tan anticipada boda.
Se dice que el personal encubierto realizó un trabajo a lo « tetris » para encajar meticulósamente todas las pruebas de ese puzzle corrupto de Joaquina y arrancar de raíz con el hacha de la ley todo tubérculo y mala hierba.
Fue una boda para las páginas rojas claramente, donde el plato principal fueron las balas, los dimes y diretes y un beso de Judas para tratar de agregar pecado a esta bazofia de familia.
El jefe de policía dijo a este medio:
« A las 00:40 se nos informó de la necesidad de refuerzos en el Sector poniente de la rinconada, en la ruta 234 de los bajos del sector urbano, emplazado al costado de la plaza de este barrio.
Donde se percutan disparos de armas de alto calibre, no registradas en el registro de armamento.
Procedemos a prestar nuestros servicios en conjunto con el servicio de narcótico, gracias al acuerdo de mutua cooperación de la central de inteligencia, policías y policías internacional ».
Gracias a nuestro esfuerzo periodístico relataremos lo mejor posible los hechos:
Se informó que en la madrugada del Viernes aproximadamente a las 2 de la madrugada, irrumpieron dos camionetas cuyos ocupantes armados, sacaron desde dos habitaciones de un motel cerca del embarcadero, a dos parejas que al parecer estaban en trabajo amatorio.
El personal de dicho lugar dijo « fueron muy violentos con las dos parejas, pero que no robaron nada en el motel »
El sábado, durante la jornada del día los vecinos llamaron con constancia a la policía por los excesos de ruidos, vehículos entorpeciendo el libre tránsito y mal estacionados, personas vestidas de etiqueta pero con actitudes muy amenazantes que accedieron a la casa recientemente restaurada, en el barrio mencionado con anterioridad.
Alrededor de las 10 de la noche comenzó la fiesta, la novia llegó radiante de aspecto, pero « cabrona » como siempre, según el relato de los mirones.
El novio llegó escoltado por guardias, se apreciaba su preocupación y miedo de acuerdo a la abuelita que miro todo lo que sucedió antes de que se cocinara el pastel.
La hermana de la novia y un mastodonte con aspecto de guarda espaldas, estaban esposados en un automóvil en las afueras de dicha casa, fue lo que vieron otros vecinos.
A las 11 de esa noche, se apostó una patrulla en las cercanías de el auto mencionado antes, procedió a chequear la situación, se realizaron los primeros enfrentamientos.
versiones dicen que las balas iban y venían como fuegos artificiales descontrolados. Nadie se explica como lograron salvar los dos ocupantes esposados del auto. Después se supo que eran agentes y la suerte estaba de su lado.
A las 11:30 la agente junto a su compañero mastodonte, ingresaron a la residencia, ella articulando la palabra « Dracarys », se alzo el fuego que tiño el recinto de rojo, algunos dicen que los vampiros estaban felices por tanto festín. No quedó mono parado con la intensión de disparar.
Al llegar la policía de refuerzo, la alfombra roja revestía desde el suelo hasta las paredes.
Todo según lo que dicen los vecinos: El novio fue rescatado y también su hermana y los dos oficiales encubiertos.
De la famosa Joaquina, se dice que al ver frustrado sus propósitos desquiciados se enfrento a su hermana Dulcina la agente y resolvieron sus disputas a puños y patadas. Joaquina traicionera como siempre trató de salirse con la suya, pero la justicia tarda pero llega. Fue acribillada por el personal de refuerzo cuando no quiso soltar el arma. Quedó más perforada que malla de harnero, todo según los vecinos.
Hemos tratado de confirmar todo este asunto pero hoy nadie se acuerda de nada, alguien dijo que llegaron unos fotógrafos de negro y después del flash, nadie se acuerda de nada.
Re: El rancho esta silencioso
Sí, no hemos tenido mucha actividad, yo he andado bastante ocupado desde el fin de semana y casi no he revisado el foro los últimos dos o tres días. Gracias por compartir la historia de Joaquina, la leeré mañana con más calma, también tengo pendiente leer el capítulo 4 de la novela de Aina que ya quiero ver cómo va eso. A ver si mañana temprano me agarro un tiempo para leer ambos trabajos. =)Melina Larzo escribió: ↑Mar Nov 15, 2022 11:26 am Hola, se siente demasiado tranquilo aquí.
dejo la tonta historia de Joaquina por si alguien quiere leer algo
- Sebastián Luque - iz
- Mensajes: 121
- Registrado: Mié Nov 02, 2022 3:20 pm
Re: El rancho esta silencioso
Ya le pegaremos una leídaMelina Larzo escribió: ↑Mar Nov 15, 2022 11:26 am Hola, se siente demasiado tranquilo aquí.
dejo la tonta historia de Joaquina por si alguien quiere leer algo
Puede que también comparta mi versión de Joaquina
Tengo que armarla nomás.
- Sebastián Luque - iz
- Mensajes: 121
- Registrado: Mié Nov 02, 2022 3:20 pm
Re: El rancho esta silencioso
Una historia muy loca son dudas, fruto de los caminos que nos planteaba doña LorenaMelina Larzo escribió: ↑Mar Nov 15, 2022 11:26 am Hola, se siente demasiado tranquilo aquí.
dejo la tonta historia de Joaquina por si alguien quiere leer algo
Cuántas idas y vueltas que pasamos con las Joaquinas... Espero que el próximo escritubre nos prepare algo así
- Sebastián Luque - iz
- Mensajes: 121
- Registrado: Mié Nov 02, 2022 3:20 pm
Re: El rancho esta silencioso
Igual se quejó mucho de que el algoritmo de YouTube la castigó por el escritubre, espero que eso no la desaliente 


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Melina Larzo
- Mensajes: 50
- Registrado: Dom Nov 06, 2022 1:24 am
Re: El rancho esta silencioso
creo que fue el reto mas dificil, tratar de compaginar nuestras ideas con las ideas que ella nos daba, fueron muchos girosSebastián Luque - iz escribió: ↑Vie Nov 18, 2022 7:50 pmUna historia muy loca son dudas, fruto de los caminos que nos planteaba doña LorenaMelina Larzo escribió: ↑Mar Nov 15, 2022 11:26 am Hola, se siente demasiado tranquilo aquí.
dejo la tonta historia de Joaquina por si alguien quiere leer algo
Cuántas idas y vueltas que pasamos con las Joaquinas... Espero que el próximo escritubre nos prepare algo así![]()
Espero que publiques tu historia aquí, asi la podemos leer también de un tirón
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Melina Larzo
- Mensajes: 50
- Registrado: Dom Nov 06, 2022 1:24 am
Re: El rancho esta silencioso
Se portó muy mal el algoritmo con ella.Sebastián Luque - iz escribió: ↑Vie Nov 18, 2022 7:52 pm Igual se quejó mucho de que el algoritmo de YouTube la castigó por el escritubre, espero que eso no la desaliente![]()
Y con nosotros, ¿cuántas veces nos dejó abajo y no hubo forma de subir los escritos?
- Sebastián Luque - iz
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Re: El rancho esta silencioso
¡Es cierto! Había olvidado esa parte, varios días se complicó subirlo o, al menos a mí me pasó, que nadie lo veía.Melina Larzo escribió: ↑Sab Nov 19, 2022 12:32 amSe portó muy mal el algoritmo con ella.Sebastián Luque - iz escribió: ↑Vie Nov 18, 2022 7:52 pm Igual se quejó mucho de que el algoritmo de YouTube la castigó por el escritubre, espero que eso no la desaliente![]()
Y con nosotros, ¿cuántas veces nos dejó abajo y no hubo forma de subir los escritos?
Voy a armar lo de Joaquina.
- Sebastián Luque - iz
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Re: El rancho esta silencioso
Joaquina, la asesina
1
— ¿Y no podían traer a la de siempre?
—Está en el fondo del lago ahora. Olvidó… en el último cumpleaños de la jefa.
La joven wedding planner se estremeció de pies a cabeza. Quería disminuir el paso pero el acompañamiento de aquellos dos caballeros era implacable. Pronto entró casi de un empujón a la oscura sala, donde la renombrada Joaquina la aguardaba, sentada en un sillón violáceo, acariciando un gato blanco y muy peludo en su regazo. Una sonrisa lenta se formó en sus labios y sus ojos penetrantes la contemplaron.
— ¡Bienvenida de nuevo, Lucía! ¡Qué placer tenerte conmigo! Espero que no haya resentimiento entre…
Los labios rojos seguían moviéndose, aunque la asustada muchacha dejó de escuchar por un momento. Se golpeó el aparatito de su oído.
—… veinte años con nuestra familia… inolvidables… y tan discreta…
—No soy Lucía, perdón. Soy Pilar Bella Vista —indicó levantando un tímido índice. Vio como uno de los acompañantes de la afamada asesina le indicaba silencio poniéndose un dedo delante de la boca.
Joaquina la asesina no la registró. “Tiene fama de… no estar muy bien”, recordó la temblorosa Pilar.
—Y todos mere… unda oportunidad. Mi boda… Es impo… detalles.
Pilar volvió a golpear su audífono. Y de nuevo.
—…aire libre… terminar… ¿Verdad Lu…?
Desesperada pensó en su celular, para poder grabarla, pero no le habían permitido ingresarlo, solo su libreta y lápiz. Comenzó a anotar.
“Boda al aire libre. Joaquina Sabino. Cuarenta años. Familia española”.
Recorrió a la delgada señora con la mirada y continuó:
“Tiene una altura de un metro setenta, puede que uno setenta y uno, con unos tacos stilettos de cuatro pulgadas. Suele llevarlos en rojo, en un tono explosivo, que resalta y se ve desde lejos. Impecables, se dice que solo usa una vez cada par”.
Tomó nota de la ausencia de medias; en un recorrido mental no recordó haberla visto usándolas ni una sola vez. Siempre se le remarcaba ese detalle: el verla con esa firmeza en la piel pálida, a la vista de todos aun con una enorme cicatriz en la rodilla izquierda, con forma de ene, visible por el color entre rosa y marrón.
La familia Sabino era de fama local, casi unas celebridades de la ciudad, aun con el público conocimiento de sus actividades ilegales. La fachada de empresa constructora era la que justificaba sus ingresos.
—…piente… —dijo Joaquina, señalándose el anular.
“Anillo de serpiente. Usa oro blanco en toda su joyería. Tiene unos aretes discretos, son dos lunas en cuarto menguante, no lisas, con la superficie lustrosa, pero con detalles, pequeños huecos, como líneas, le da una ambigüedad entre tosco y delicado. El mismo criterio para el dije: un solcito, sin rostro, misma superficie. El anillo que usa tiene una piedrecilla rubí, como la cadenita y las pulseras. Anillo de serpiente de oro blanco, superficie irregular, ojo de rubí”.
—…rivier… —pasándose las manos por la cintura.
“Simone de Riviéry. El vestido de boda de la actriz francesa, bien entallado. Joaquina siempre utiliza vestidos que se le pegan al cuerpo, va a querer lucir la cintura que tiene. Sus hermanas usaron un vestido blanco, muy parecidos, como el de su madre. Ella prefiere los escotes cerrados, ceñidos. Como ahora, sólo lleva volados discretos, detalles, un intento de sutileza en un mar de exageraciones. Prefiere los violetas, detalles en violeta”.
Joaquina movió las manos junto a su cabeza, dibujando unos círculos. Ninguna palabra le llegó a Pilar.
“Peinado alto, enrevesado. Su pelo es oscuro, casi azabache, llega hasta los hombros. Necesitamos extensiones. En la cabellera brillan unos destellos blancos. Sus canas. Las luce orgullosa. Nada de color. Necesita tratamiento, está muy seco, las puntas se ven florecidas, un mínimo recorte. Lleva dos mechones, siempre cayendo sobre sus orejas. Sus orejas son muy grandes y… de forma rara. Se las intenta ocultar. Lo mismo con el flequillo: tapa la prominente frente, la heredó de su padre. Se la vio en los estrenos de Star Wars… Algo de Leia también”.
Por fin Joaquina se detuvo y la miró. Ya no hablaba. Pilar notó en aquella mirada la espera por una respuesta.
—Ehhh, sí, todo claro. Anotado. ¿El catering?
A Joaquina se le notó que el tema no la emocionaba tanto como los anteriores. Puso una mano en la cintura y adelantó el rostro para decirle algo con suma claridad.
—…
La asesina se recostó en el sillón, se llevó una mano a los labios y volvió a esperar.
—Por supuesto —indicó Pilar, mientras escribía un enorme signo de interrogación en su libreta.
2
Las sicarias gemelas Makena y Lorei custodiaban la puerta de tan urgente reunión. La primera manteniendo grabado su gesto de “te lo dije”, ya que tras la huida de los cerrajeros las habían degradado a porteras.
Allí dentro, la mesa circular estaba rodeada por toda la familia Sabino: los seis hermanos y la abuela Delfina.
—¡Quiero sangre! ¡Que sufra por días! ¡Teniendo tantos hombres en el mundo…!
—Bueno, tampoco exageres, hermanita, que nadie se muere por esto…
—Basta, Dulcina —escupió Justino, el mayor de los hermanos después de la famosa asesina.
—Por favor —comenzó Santino, acomodándose el jopo—, es cuestión de que lo hablemos, esto tiene que quedar acá: imaginen el escandalo —por costumbre, no pudo evitar mirar a su mellizo.
—¡Ay, sí! ¡Ay, el escándalo! ¡Ay, el qué dirán! —se mofó Faustino, devolviendo la mirada—. Es lo de menos, al que se atreva a burlarse de nosotros…
—Niños, niños, tratamos de que esto no escale —intervino la abuela Delfina, a la vez que intentaba servirles té a cada uno.
—Vos tenés que perdonarlo —aconsejó Celestino, el más joven de los varones, con su mirada tierna, aun con esas gafas tan gruesas.
—¡Perdonar! ¡Perdonar! —casi se puso de pie por el brinco que dio en su asiento—. ¡Yo no me caso! ¡Los mato a los dos! ¡Dejame!
—Tranquila —el mayor tomó del brazo a su hermana.
—Ahora tenemos que ir allá afuera y que todos nos vean unidos —hacía malabares para dejar su peinado perfecto—, esa es la imagen que tenemos que transmitir…
—¡Ay sí, ay, sí!
—Paren ustedes dos… ¿Té, querida?
—¡¿Te parece que estoy para té, abuela?!
—Siempre en el papel de la víctima vos… Si el muchachito vino a mí es porque se cansó de escuchar cómo te quejas de todo.
—¡¿La escuchan?! ¡Me busca! ¡Me busca!
—Basta, chicas —dijo el otro, reafirmando su agarre.
—Es que, todos conocemos a nuestra pequeñina, debió ser ella la que lo buscó… Él no tiene la culpa, dale, perdónalo…
—¡Ciego y machista, encima! ¡Ay, sí! Para vos, la culpa siempre es de la mujer.
—Bueno, ahí coincido con vos. Son comentarios que restan. ¿Y vos por qué seguís con esos anteojos tan horrorosos? ¿No te parece que transmitimos debilidad cuando ven a uno de nosotros así?
—No, gracias, abuelita… A aquella le vendría bien uno de tilo…
—¡No me importa nada! ¡A vos te mato!
—Tranquila.
—Niños, niños, tomen su té, que se les enfría. ¿Segura que no querés vos?
—Una ametralladora quiero. Y diez minutos a solas con ese engendro…
—¡Pobrecita! ¡Cómo sufre!
—Hermanita, sabés que estoy con vos en esta, que de seguro fue él quien te busco, pero tampoco la provoques…
—No queda bien, no, no.
—¡Bueno! El hombre es hombre… —limpió sus gafas—. Hay que entenderlo, también…
—¡A mí me va a entender! ¡Cuando lo encuentre!
—Abuela —dijo soltando a Joaquina—. ¿Cómo procedemos?
La matriarca se sentó tras culminar con su vuelta. Había en sus cansadas pupilas un dejo de profunda paz y comprensión.
—No tengo idea, hijo —finalizó, levantando los hombros.
3
La tosca puerta de madera se abrió los dos segundos necesarios para que la arrojaran dentro, a una de esas sucias habitaciones que albergaban prisioneros. Dulcina cayó de rodillas y, entre el dolor por el impacto y el raspón, ya estaba pensando en cómo se vengaría de aquellas arpías que se divirtieron arrastrándola.
En la penumbra del pequeño recinto percibió la típica ausencia de muebles y ventanas, solo estaba el plato de metal vacío en el piso de piedra y las manchas de sangre seca aquí y allá. La temperatura era varios grados menor: un escalofrío la recorrió. No lo quería, pero se encontró tragando saliva por el miedo.
Y había alguien en una de las esquinas, acurrucado como si fuera un trapo.
—¿Florencio? —musitó dando unos cautos pasos hacia él—. ¿Sos vos?
Con un temblequeo que denotaba sus dolores, el joven se giró despacio: los restos de una camisa que supo ser blanca lo cubría, las marcas en su boca y ojos le revelaban el calvario por el que habría pasado.
—¡Amor mío! —dijo Dulcina, que se postró a su lado de inmediato y no le hizo caso a la llama en su rodilla—. ¡Perdón, perdón, perdón! ¿Qué te hicieron? ¿Cómo pudieron...? —la angustia le atenazó la garganta.
No era de las que se dejaban ganar por las lágrimas. Con sus veinticinco era la menor de la familia Sabino y, aunque sabía jugar bien el papel rudo, al primer roce con la piel de su amado se desarmó por completo.
—No pasa nada, muchacha mía, mí Solcito europeo —dijo él, con toda la firmeza que podía fingir. Su mano viajó hacia ella, para correrle los mechones azabaches y poder deleitarse con la miel de sus ojos.
—No me mires, que soy un desastre —pidió recordando lo mucho que le disgustaba su rostro al llorar.
Florencio se le acercó un poco más y espero a que ella levantase la mirada.
—Somos un desastre —sonrió entre los magullones—. Somos el desastre que se atreve, que se la juega por lo que siente —con el pulgar rozó su mejilla y el nacimiento de sus labios—. Mirá qué hermoso desastre que somos, sobre todo vos, morochaza mía.
Las lágrimas detuvieron su marcha. Dulcina no podía evitar sonreírle a su latino.
—Es la última vez que dejarán que nos veamos —confesó con sus pupilas expectantes, tomándole la mano.
—Siempre tendremos Guanajuato —respondió él, y la picardía se le escapó en la mirada.
La menuda morocha rió apenas por la ocurrencia.
—No seas tonto: Joaquina ni siquiera sabe de este encuentro, fue la abuela la que..
Florencio le robó un beso: con un movimiento rápido llegó a su boca, apretó aquellas rosadas suavidades y se quedó ahí, a dos milímetros de su piel, sintiendo como las respiraciones se alteraban y se compartían.
—Que lo intenten. Que intenten separarnos —en su voz, los susurros ardían—. Ni siquiera el espacio puede separarnos. Mientras más fuerza usen, más preciosa, más inquebrantable será nuestra unión.
Dulcina sentía que se perdía en lo esmeralda de aquellos ojos tan extrañados. Buscó el contacto, aunque eso le significara dejar de deleitarse con su imagen. Un beso, otro más profundo... Delfina sabía lo que esa electricidad por sus oídos y nuca le significaban.
—Solo así estoy viva, con tu presencia —murmuró atrayéndolo más, clavando uñas y dedos en los hombros que tanto ansiaba mordisquear.
Florencio se dejó llevar, silenciando todo lo que podía sus quejidos. Pero ella no se dejó abrazar: apretó los restos de su camisa y terminó por arrancársela. Las marcas de batallas antiguas seguían ahí, surcando el pecho y abdomen: las recorrió con la yema de sus dedos, una cicatriz a la vez. Él acomodó su espalda a las formas de las rocas, que ya no le parecían tan frías.
Y ella encontró las más recientes: los moretones, los cortes peligrosamente profundos... Y se dejó caer sobre él, abrazándolo con suavidad, mientras le daba pequeños besos en el cuello, en el mentón. Se quedó en silencio y buscó serenarse, respiraciones largas, caricias suaves, acompasar los corazones que querían desbocarse.
—¿Tan mal estoy? —preguntó él, con una risa amarga.
Dulcina volvió a atacarlo: una dentellada al labio inferior que casi alcanza la sangre. Buscó su mirada hipnotizante, el verde que la envolvía.
—¿No escuchás las botas? Ya vienen por mí...
Florencio sabía que el momento no podía durar, pero la confirmación lo llenó de ansiedad. La atrapó con sus gruesos brazos y pensó en no liberarla jamás.
—¿Pensarás en mí? —dijo ella, que estudiaba sus firmes facciones para grabarlas en la retina.
—Pienso y soy ti. Al verme en el espejo, me veo a través tuyo. No existe el instante en que mi pecho no lata con tu sangre, morocha.
Los pasos llegaron a la puerta, acompañados de ordenes gritadas.
—En cada calor estarás. Cada fuego será el tuyo. Todos los fuegos son tu fuego.
Dulcina se perdía en su poesía, la palabra era su perdición.
—Tendrías que escribir eso, en lo próximo que hagas.
—En eso estoy, mi amor, mi maga.
Y abrieron la puerta.
4
MASACRE EN EL ALTAR
Un servidor debió sumergirse en profundidades cuasi marianas para vislumbrar un acontecimiento que osara confrontar con tan herético suceso como el acaecido durante la jornada que nos antecede. Es con los sentidos atribulados que he de explayarme acerca de la renegrida ceremonia nupcial entre la mediática Joaquina Sabino y el literato Florencio.
Solo he de relatar tal holocausto por el compromiso inquebrantable que posee quien suscribe con la veracidad. He omitido los detalles de mal gusto, pues estamos tratando con la desaparición física de personas, que aunque sean extranjeros, merecen su cuota de empatía. Se solicita discreción.
Lo primero que encontré después de la balacera, fue la cabeza cercenada de Justino Sabino, girando, medio sumergida en la cascada de chocolate. Parecía como si aún siguiera disfrutando de aquel amargor, pues su lengua asomaba.
Como muchos otros colegas, estábamos en primera fila cuando se desató tan dantesca obra. La presencia de Rodolfita Báez, enemiga íntima de Joaquina Sabino, desolaba nuestros espíritus, pero el compromiso con la profesión nos arengaba a proseguir.
Los mellizos Santino y Faustino, fueron los primeros en caer, víctimas de las descargas de las ametralladoras automáticas que ingresaron los perpetradores. Aún se investiga el artilugio empleado para superar la férrea seguridad de tan magnánimo evento, que comandaban las gemelas Makena y Lorei, (venturosas sobrevivientes por la degradación que sufrieron semanas atrás, puesto que se desempeñaban como guardaespaldas de la contrayente).
No entremos en morbosos detalles, pues ver los proyectiles atravesar a los mellizos fue perturbador. El modo en que dieron origen a sendas nubes carmesíes, que impregnaron de rojo a la abuela Delfina, fue como si dos pulverizadores talla homosapiens se hubieran activado y buscado desinfectar a la audiencia.
Los chillidos que brotaron de las fauces de Delfina Sabino fueron un galimatias sin destino, producto de cómo se ahogaba con la sangre de sus nietos y la desgarradora desesperación de no poder interceder con valía. La más atinada comparación (he de confesar, no fue mía) fue que la agonizante abuela Delfina glugluteaba.
Su cuerpo fue a dar a mis pies: llevaba las manos a su pecho y sus uñas penetraban su propia piel. Pero no describiré tal aberración, adjuntas están las fotos que tomé.
Celestino Sabino fue alcanzado por la escopeta de uno de los sicarios y perdió toda carne por debajo de los codos. Fue rematado por la espalda cuando intentaba abrir una de las puertas. El bajorrelieve improvisado que dibujo su masa gris sobre la albarrada recuerda a La Noche Estrellada de Van Gogh (se amplía en el suplemento de arte).
Si algo ha de aclararse, es que las hermanas Joaquina y Dulcina se atacaron en cuanto el cuerpo de seguridad se dispuso a repeler el ataque externo. Fue en esa trifulca en que hallaron los límites de la terraza y partieron al vacío.
La limusina destrozada por el impacto de las hermanas, dejó al descubierto tal cual se tratara de un marsupial, a la joven Pilar Bella Vista que se hallaba maniatada en la cajuela. La reconocida wedding planner fue liberada y se retiró haciendo oídos sordos a los pedidos de realizar declaraciones.
Para finalizar, quien les reporta desea recalcar el hecho de que Rodolfita "Fita" Báez huyó en medio del ataque y que no participó de ninguna manera, más que como mera espectadora. No pude vislumbrar nada que pudiera delatar su conexión con el ataque. Y su impertérrita apreciación de los crímenes la atribuyo a su flemática personalidad.
Florencio, el escritor, fue ubicado en las periferias. Iba tarde al evento porque, según dijo, subir las escaleras lo inspiró a escribir un cuento y se dispuso a hacerlo de inmediato.
En pos de mantener el renombre y prestigio que acompañó siempre a este periódico durante los más de quince meses de existencia, evitamos que esta oda a la realidad cayera en redundancias y en detalles como los olores o el sonido que hacían los zapatos al moverse sobre la pegajosa superficie tan bellamente alfombrada.
Podrán hallarlos en la página central, junto al póster a todo color que nuestro dron nos regaló como souvenir de la boda de Joaquina y Florencio.
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— ¿Y no podían traer a la de siempre?
—Está en el fondo del lago ahora. Olvidó… en el último cumpleaños de la jefa.
La joven wedding planner se estremeció de pies a cabeza. Quería disminuir el paso pero el acompañamiento de aquellos dos caballeros era implacable. Pronto entró casi de un empujón a la oscura sala, donde la renombrada Joaquina la aguardaba, sentada en un sillón violáceo, acariciando un gato blanco y muy peludo en su regazo. Una sonrisa lenta se formó en sus labios y sus ojos penetrantes la contemplaron.
— ¡Bienvenida de nuevo, Lucía! ¡Qué placer tenerte conmigo! Espero que no haya resentimiento entre…
Los labios rojos seguían moviéndose, aunque la asustada muchacha dejó de escuchar por un momento. Se golpeó el aparatito de su oído.
—… veinte años con nuestra familia… inolvidables… y tan discreta…
—No soy Lucía, perdón. Soy Pilar Bella Vista —indicó levantando un tímido índice. Vio como uno de los acompañantes de la afamada asesina le indicaba silencio poniéndose un dedo delante de la boca.
Joaquina la asesina no la registró. “Tiene fama de… no estar muy bien”, recordó la temblorosa Pilar.
—Y todos mere… unda oportunidad. Mi boda… Es impo… detalles.
Pilar volvió a golpear su audífono. Y de nuevo.
—…aire libre… terminar… ¿Verdad Lu…?
Desesperada pensó en su celular, para poder grabarla, pero no le habían permitido ingresarlo, solo su libreta y lápiz. Comenzó a anotar.
“Boda al aire libre. Joaquina Sabino. Cuarenta años. Familia española”.
Recorrió a la delgada señora con la mirada y continuó:
“Tiene una altura de un metro setenta, puede que uno setenta y uno, con unos tacos stilettos de cuatro pulgadas. Suele llevarlos en rojo, en un tono explosivo, que resalta y se ve desde lejos. Impecables, se dice que solo usa una vez cada par”.
Tomó nota de la ausencia de medias; en un recorrido mental no recordó haberla visto usándolas ni una sola vez. Siempre se le remarcaba ese detalle: el verla con esa firmeza en la piel pálida, a la vista de todos aun con una enorme cicatriz en la rodilla izquierda, con forma de ene, visible por el color entre rosa y marrón.
La familia Sabino era de fama local, casi unas celebridades de la ciudad, aun con el público conocimiento de sus actividades ilegales. La fachada de empresa constructora era la que justificaba sus ingresos.
—…piente… —dijo Joaquina, señalándose el anular.
“Anillo de serpiente. Usa oro blanco en toda su joyería. Tiene unos aretes discretos, son dos lunas en cuarto menguante, no lisas, con la superficie lustrosa, pero con detalles, pequeños huecos, como líneas, le da una ambigüedad entre tosco y delicado. El mismo criterio para el dije: un solcito, sin rostro, misma superficie. El anillo que usa tiene una piedrecilla rubí, como la cadenita y las pulseras. Anillo de serpiente de oro blanco, superficie irregular, ojo de rubí”.
—…rivier… —pasándose las manos por la cintura.
“Simone de Riviéry. El vestido de boda de la actriz francesa, bien entallado. Joaquina siempre utiliza vestidos que se le pegan al cuerpo, va a querer lucir la cintura que tiene. Sus hermanas usaron un vestido blanco, muy parecidos, como el de su madre. Ella prefiere los escotes cerrados, ceñidos. Como ahora, sólo lleva volados discretos, detalles, un intento de sutileza en un mar de exageraciones. Prefiere los violetas, detalles en violeta”.
Joaquina movió las manos junto a su cabeza, dibujando unos círculos. Ninguna palabra le llegó a Pilar.
“Peinado alto, enrevesado. Su pelo es oscuro, casi azabache, llega hasta los hombros. Necesitamos extensiones. En la cabellera brillan unos destellos blancos. Sus canas. Las luce orgullosa. Nada de color. Necesita tratamiento, está muy seco, las puntas se ven florecidas, un mínimo recorte. Lleva dos mechones, siempre cayendo sobre sus orejas. Sus orejas son muy grandes y… de forma rara. Se las intenta ocultar. Lo mismo con el flequillo: tapa la prominente frente, la heredó de su padre. Se la vio en los estrenos de Star Wars… Algo de Leia también”.
Por fin Joaquina se detuvo y la miró. Ya no hablaba. Pilar notó en aquella mirada la espera por una respuesta.
—Ehhh, sí, todo claro. Anotado. ¿El catering?
A Joaquina se le notó que el tema no la emocionaba tanto como los anteriores. Puso una mano en la cintura y adelantó el rostro para decirle algo con suma claridad.
—…
La asesina se recostó en el sillón, se llevó una mano a los labios y volvió a esperar.
—Por supuesto —indicó Pilar, mientras escribía un enorme signo de interrogación en su libreta.
2
Las sicarias gemelas Makena y Lorei custodiaban la puerta de tan urgente reunión. La primera manteniendo grabado su gesto de “te lo dije”, ya que tras la huida de los cerrajeros las habían degradado a porteras.
Allí dentro, la mesa circular estaba rodeada por toda la familia Sabino: los seis hermanos y la abuela Delfina.
—¡Quiero sangre! ¡Que sufra por días! ¡Teniendo tantos hombres en el mundo…!
—Bueno, tampoco exageres, hermanita, que nadie se muere por esto…
—Basta, Dulcina —escupió Justino, el mayor de los hermanos después de la famosa asesina.
—Por favor —comenzó Santino, acomodándose el jopo—, es cuestión de que lo hablemos, esto tiene que quedar acá: imaginen el escandalo —por costumbre, no pudo evitar mirar a su mellizo.
—¡Ay, sí! ¡Ay, el escándalo! ¡Ay, el qué dirán! —se mofó Faustino, devolviendo la mirada—. Es lo de menos, al que se atreva a burlarse de nosotros…
—Niños, niños, tratamos de que esto no escale —intervino la abuela Delfina, a la vez que intentaba servirles té a cada uno.
—Vos tenés que perdonarlo —aconsejó Celestino, el más joven de los varones, con su mirada tierna, aun con esas gafas tan gruesas.
—¡Perdonar! ¡Perdonar! —casi se puso de pie por el brinco que dio en su asiento—. ¡Yo no me caso! ¡Los mato a los dos! ¡Dejame!
—Tranquila —el mayor tomó del brazo a su hermana.
—Ahora tenemos que ir allá afuera y que todos nos vean unidos —hacía malabares para dejar su peinado perfecto—, esa es la imagen que tenemos que transmitir…
—¡Ay sí, ay, sí!
—Paren ustedes dos… ¿Té, querida?
—¡¿Te parece que estoy para té, abuela?!
—Siempre en el papel de la víctima vos… Si el muchachito vino a mí es porque se cansó de escuchar cómo te quejas de todo.
—¡¿La escuchan?! ¡Me busca! ¡Me busca!
—Basta, chicas —dijo el otro, reafirmando su agarre.
—Es que, todos conocemos a nuestra pequeñina, debió ser ella la que lo buscó… Él no tiene la culpa, dale, perdónalo…
—¡Ciego y machista, encima! ¡Ay, sí! Para vos, la culpa siempre es de la mujer.
—Bueno, ahí coincido con vos. Son comentarios que restan. ¿Y vos por qué seguís con esos anteojos tan horrorosos? ¿No te parece que transmitimos debilidad cuando ven a uno de nosotros así?
—No, gracias, abuelita… A aquella le vendría bien uno de tilo…
—¡No me importa nada! ¡A vos te mato!
—Tranquila.
—Niños, niños, tomen su té, que se les enfría. ¿Segura que no querés vos?
—Una ametralladora quiero. Y diez minutos a solas con ese engendro…
—¡Pobrecita! ¡Cómo sufre!
—Hermanita, sabés que estoy con vos en esta, que de seguro fue él quien te busco, pero tampoco la provoques…
—No queda bien, no, no.
—¡Bueno! El hombre es hombre… —limpió sus gafas—. Hay que entenderlo, también…
—¡A mí me va a entender! ¡Cuando lo encuentre!
—Abuela —dijo soltando a Joaquina—. ¿Cómo procedemos?
La matriarca se sentó tras culminar con su vuelta. Había en sus cansadas pupilas un dejo de profunda paz y comprensión.
—No tengo idea, hijo —finalizó, levantando los hombros.
3
La tosca puerta de madera se abrió los dos segundos necesarios para que la arrojaran dentro, a una de esas sucias habitaciones que albergaban prisioneros. Dulcina cayó de rodillas y, entre el dolor por el impacto y el raspón, ya estaba pensando en cómo se vengaría de aquellas arpías que se divirtieron arrastrándola.
En la penumbra del pequeño recinto percibió la típica ausencia de muebles y ventanas, solo estaba el plato de metal vacío en el piso de piedra y las manchas de sangre seca aquí y allá. La temperatura era varios grados menor: un escalofrío la recorrió. No lo quería, pero se encontró tragando saliva por el miedo.
Y había alguien en una de las esquinas, acurrucado como si fuera un trapo.
—¿Florencio? —musitó dando unos cautos pasos hacia él—. ¿Sos vos?
Con un temblequeo que denotaba sus dolores, el joven se giró despacio: los restos de una camisa que supo ser blanca lo cubría, las marcas en su boca y ojos le revelaban el calvario por el que habría pasado.
—¡Amor mío! —dijo Dulcina, que se postró a su lado de inmediato y no le hizo caso a la llama en su rodilla—. ¡Perdón, perdón, perdón! ¿Qué te hicieron? ¿Cómo pudieron...? —la angustia le atenazó la garganta.
No era de las que se dejaban ganar por las lágrimas. Con sus veinticinco era la menor de la familia Sabino y, aunque sabía jugar bien el papel rudo, al primer roce con la piel de su amado se desarmó por completo.
—No pasa nada, muchacha mía, mí Solcito europeo —dijo él, con toda la firmeza que podía fingir. Su mano viajó hacia ella, para correrle los mechones azabaches y poder deleitarse con la miel de sus ojos.
—No me mires, que soy un desastre —pidió recordando lo mucho que le disgustaba su rostro al llorar.
Florencio se le acercó un poco más y espero a que ella levantase la mirada.
—Somos un desastre —sonrió entre los magullones—. Somos el desastre que se atreve, que se la juega por lo que siente —con el pulgar rozó su mejilla y el nacimiento de sus labios—. Mirá qué hermoso desastre que somos, sobre todo vos, morochaza mía.
Las lágrimas detuvieron su marcha. Dulcina no podía evitar sonreírle a su latino.
—Es la última vez que dejarán que nos veamos —confesó con sus pupilas expectantes, tomándole la mano.
—Siempre tendremos Guanajuato —respondió él, y la picardía se le escapó en la mirada.
La menuda morocha rió apenas por la ocurrencia.
—No seas tonto: Joaquina ni siquiera sabe de este encuentro, fue la abuela la que..
Florencio le robó un beso: con un movimiento rápido llegó a su boca, apretó aquellas rosadas suavidades y se quedó ahí, a dos milímetros de su piel, sintiendo como las respiraciones se alteraban y se compartían.
—Que lo intenten. Que intenten separarnos —en su voz, los susurros ardían—. Ni siquiera el espacio puede separarnos. Mientras más fuerza usen, más preciosa, más inquebrantable será nuestra unión.
Dulcina sentía que se perdía en lo esmeralda de aquellos ojos tan extrañados. Buscó el contacto, aunque eso le significara dejar de deleitarse con su imagen. Un beso, otro más profundo... Delfina sabía lo que esa electricidad por sus oídos y nuca le significaban.
—Solo así estoy viva, con tu presencia —murmuró atrayéndolo más, clavando uñas y dedos en los hombros que tanto ansiaba mordisquear.
Florencio se dejó llevar, silenciando todo lo que podía sus quejidos. Pero ella no se dejó abrazar: apretó los restos de su camisa y terminó por arrancársela. Las marcas de batallas antiguas seguían ahí, surcando el pecho y abdomen: las recorrió con la yema de sus dedos, una cicatriz a la vez. Él acomodó su espalda a las formas de las rocas, que ya no le parecían tan frías.
Y ella encontró las más recientes: los moretones, los cortes peligrosamente profundos... Y se dejó caer sobre él, abrazándolo con suavidad, mientras le daba pequeños besos en el cuello, en el mentón. Se quedó en silencio y buscó serenarse, respiraciones largas, caricias suaves, acompasar los corazones que querían desbocarse.
—¿Tan mal estoy? —preguntó él, con una risa amarga.
Dulcina volvió a atacarlo: una dentellada al labio inferior que casi alcanza la sangre. Buscó su mirada hipnotizante, el verde que la envolvía.
—¿No escuchás las botas? Ya vienen por mí...
Florencio sabía que el momento no podía durar, pero la confirmación lo llenó de ansiedad. La atrapó con sus gruesos brazos y pensó en no liberarla jamás.
—¿Pensarás en mí? —dijo ella, que estudiaba sus firmes facciones para grabarlas en la retina.
—Pienso y soy ti. Al verme en el espejo, me veo a través tuyo. No existe el instante en que mi pecho no lata con tu sangre, morocha.
Los pasos llegaron a la puerta, acompañados de ordenes gritadas.
—En cada calor estarás. Cada fuego será el tuyo. Todos los fuegos son tu fuego.
Dulcina se perdía en su poesía, la palabra era su perdición.
—Tendrías que escribir eso, en lo próximo que hagas.
—En eso estoy, mi amor, mi maga.
Y abrieron la puerta.
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MASACRE EN EL ALTAR
Un servidor debió sumergirse en profundidades cuasi marianas para vislumbrar un acontecimiento que osara confrontar con tan herético suceso como el acaecido durante la jornada que nos antecede. Es con los sentidos atribulados que he de explayarme acerca de la renegrida ceremonia nupcial entre la mediática Joaquina Sabino y el literato Florencio.
Solo he de relatar tal holocausto por el compromiso inquebrantable que posee quien suscribe con la veracidad. He omitido los detalles de mal gusto, pues estamos tratando con la desaparición física de personas, que aunque sean extranjeros, merecen su cuota de empatía. Se solicita discreción.
Lo primero que encontré después de la balacera, fue la cabeza cercenada de Justino Sabino, girando, medio sumergida en la cascada de chocolate. Parecía como si aún siguiera disfrutando de aquel amargor, pues su lengua asomaba.
Como muchos otros colegas, estábamos en primera fila cuando se desató tan dantesca obra. La presencia de Rodolfita Báez, enemiga íntima de Joaquina Sabino, desolaba nuestros espíritus, pero el compromiso con la profesión nos arengaba a proseguir.
Los mellizos Santino y Faustino, fueron los primeros en caer, víctimas de las descargas de las ametralladoras automáticas que ingresaron los perpetradores. Aún se investiga el artilugio empleado para superar la férrea seguridad de tan magnánimo evento, que comandaban las gemelas Makena y Lorei, (venturosas sobrevivientes por la degradación que sufrieron semanas atrás, puesto que se desempeñaban como guardaespaldas de la contrayente).
No entremos en morbosos detalles, pues ver los proyectiles atravesar a los mellizos fue perturbador. El modo en que dieron origen a sendas nubes carmesíes, que impregnaron de rojo a la abuela Delfina, fue como si dos pulverizadores talla homosapiens se hubieran activado y buscado desinfectar a la audiencia.
Los chillidos que brotaron de las fauces de Delfina Sabino fueron un galimatias sin destino, producto de cómo se ahogaba con la sangre de sus nietos y la desgarradora desesperación de no poder interceder con valía. La más atinada comparación (he de confesar, no fue mía) fue que la agonizante abuela Delfina glugluteaba.
Su cuerpo fue a dar a mis pies: llevaba las manos a su pecho y sus uñas penetraban su propia piel. Pero no describiré tal aberración, adjuntas están las fotos que tomé.
Celestino Sabino fue alcanzado por la escopeta de uno de los sicarios y perdió toda carne por debajo de los codos. Fue rematado por la espalda cuando intentaba abrir una de las puertas. El bajorrelieve improvisado que dibujo su masa gris sobre la albarrada recuerda a La Noche Estrellada de Van Gogh (se amplía en el suplemento de arte).
Si algo ha de aclararse, es que las hermanas Joaquina y Dulcina se atacaron en cuanto el cuerpo de seguridad se dispuso a repeler el ataque externo. Fue en esa trifulca en que hallaron los límites de la terraza y partieron al vacío.
La limusina destrozada por el impacto de las hermanas, dejó al descubierto tal cual se tratara de un marsupial, a la joven Pilar Bella Vista que se hallaba maniatada en la cajuela. La reconocida wedding planner fue liberada y se retiró haciendo oídos sordos a los pedidos de realizar declaraciones.
Para finalizar, quien les reporta desea recalcar el hecho de que Rodolfita "Fita" Báez huyó en medio del ataque y que no participó de ninguna manera, más que como mera espectadora. No pude vislumbrar nada que pudiera delatar su conexión con el ataque. Y su impertérrita apreciación de los crímenes la atribuyo a su flemática personalidad.
Florencio, el escritor, fue ubicado en las periferias. Iba tarde al evento porque, según dijo, subir las escaleras lo inspiró a escribir un cuento y se dispuso a hacerlo de inmediato.
En pos de mantener el renombre y prestigio que acompañó siempre a este periódico durante los más de quince meses de existencia, evitamos que esta oda a la realidad cayera en redundancias y en detalles como los olores o el sonido que hacían los zapatos al moverse sobre la pegajosa superficie tan bellamente alfombrada.
Podrán hallarlos en la página central, junto al póster a todo color que nuestro dron nos regaló como souvenir de la boda de Joaquina y Florencio.
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Melina Larzo
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