Sebastián Luque - iz escribió: ↑Jue Nov 03, 2022 1:07 pm
Ah, el amor en los tiempos del coronavairus...
Esperemos que se quede ahí y ya no resurja más. Me gustó el relato y me causó gracia ese grito final
Con suerte el sábado voy a subir algo
Eso! Ánimo! Sentí que el relato ameritaba un final inesperado, jejeje
En realidad, me pasó algo gracioso con ese diálogo. Censuré a Nahual. El grito final (así como los personajes) estaba inspirado en el relato anterior de @Drauna魔女: Manuel, (la) Nahual y Efraín. Y recordemos que allí, Efraín fue destrozado? devorado? comido? por la Nahual.
Pues, finalmente decidí, siendo éste un corto relato, que el grito original (ese que hizo zumbar en mis oídos) no habría quedado a la altura de quien tiene citas con un doctor.
—Para que sepas, ayer me comí/me devoré/destrocé a Efraín!
*rotando mi rostro con dos dedos sin tocarlo (volveré a preguntarles a mis hijos cómo se llama ese gesto)
Saludos!
¡No había pensado en eso!
Está buena la idea de continuar el relato del otro, quizá en algún momento podríamos hacer algo así. Como una historia de diez capítulos y que cada uno fuera escribiendo uno.
Creo que ya somos como diez, ¿no?
Aina Rayo escribió: ↑Mié Nov 02, 2022 11:41 pm
(Voy)
—¡Nooo! ¡¿Por qué justamente él?! —Maldijo ella para sus adentros— De todas las guardias posibles, le tenía que tocar ésta, justamente, a él.
Nahual lo observaba con curiosidad. Nunca lo había visto trabajando. Tenía bellos ojos azules; ella lo sabía pese a que no podía verlos ahora, con todo ese aparataje de protección puesto; y él dándole la espalda. Ella se arregló el cabello, se pellizcó las mejillas y se dio unas mordiditas en los labios.
Krugos escribió: ↑Jue Nov 03, 2022 11:13 am
Aquí va mi relato. =)
LA BRUJA Y LOS GATOS
—¿Qué se hace con las brujas cuando las pescas? —preguntó Maximiliano al tiempo que se rascaba la cabeza.
Ninguno de los presentes conocía la respuesta. Habían enviado a un mensajero en busca de algún representante de la iglesia del pueblo vecino (las prisioneras habían asesinado a los párrocos locales), sin embargo, temían tener que esperar algunos días hasta que volvieran. La cuestión con la brujería era que involucraba al diablo, a diferencia de otras formas de hechicería, y esto ponía a todos nerviosos.
Wow, me encantó Apenas escuché lo de los gatos grité "¡Quémenlos!" para mis adentros, pero bueno, ya tal XD. Por cierto, lo de cómo se llama la bruja que lidera un aquelarre, eso depende de cada aquelarre. Lo sé por experiencia
Sebastián Luque - iz escribió: ↑Jue Nov 03, 2022 11:12 pm
Muy bueno lo suyo, para no perder la costumbre
Y ya pasaré por el otro lado también, a ver cómo va la novela
¡Gracias! Y espero que disfrutes la novela, te advierto que es un primer borrador sin correcciones, así que puede estar llena de errores. =)
Sebastián Luque - iz escribió: ↑Jue Nov 03, 2022 11:19 pm
¡No había pensado en eso!
Está buena la idea de continuar el relato del otro, quizá en algún momento podríamos hacer algo así. Como una historia de diez capítulos y que cada uno fuera escribiendo uno.
Creo que ya somos como diez, ¿no?
Sí, eso de hacer una historia entre varios suena divertido, yo me apunto. =)
Drauna魔女 escribió: ↑Vie Nov 04, 2022 12:35 am
Wow, me encantó Apenas escuché lo de los gatos grité "¡Quémenlos!" para mis adentros, pero bueno, ya tal XD. Por cierto, lo de cómo se llama la bruja que lidera un aquelarre, eso depende de cada aquelarre. Lo sé por experiencia
Gracias. Jaja, el pueblo necesitaba alguien como tú que les dijera qué hacer. =)
Me encantaría leer sobre esa experiencia, ¿nos contarías un poco o es algo privado?
No es una experiencia realmente, lo que pasa es que provengo de una familia de brujos, y por herencia lo soy yo también U^^ Ahora mismo estoy recibiendo mi entrenamiento y tengo que decir que, lo que se vive en este mundo, es maravilloso para nutrir historias.
Drauna魔女 escribió: ↑Vie Nov 04, 2022 9:48 am
No es una experiencia realmente, lo que pasa es que provengo de una familia de brujos, y por herencia lo soy yo también U^^ Ahora mismo estoy recibiendo mi entrenamiento y tengo que decir que, lo que se vive en este mundo, es maravilloso para nutrir historias.
Está bien, me alegra que te pueda servir como fuente de inspiración. =)
Drauna魔女 escribió: ↑Vie Nov 04, 2022 9:48 am
No es una experiencia realmente, lo que pasa es que provengo de una familia de brujos, y por herencia lo soy yo también U^^ Ahora mismo estoy recibiendo mi entrenamiento y tengo que decir que, lo que se vive en este mundo, es maravilloso para nutrir historias.
¡Wow! Qué interesante, de seguro que sí debe ser una buena fuente de historias.
Mi amigo y vecino de la infancia pasó una situación similar y me ha contado cada cosa... Pertubadross...
Al percibir su fugaz reflejo en la ventana del taxi, Carlos percibió esos pelinchos en la coronilla que siempre se le formaban al dormir, aunque solo fueran diez los minutos de viaje de su casa al aeropuerto. “Parezco un pájaro carpintero”, se dijo, y recordó la característica risa del dibujo animado. Se rio bajito, para él nomás. “Ya estamos grandes para dibujos”. El taxi partió despacio, tocó dos bocinazos cortos a modo de despedida y él llegó a ver la mano del chófer que se asomó para saludar.
Aquel mediodía bonaerense era fresco, solo el sol ocasional otorgaba alguna caricia para atenuar los efectos del junio invernal.
Carlos apuró el paso y se mezcló con todos, valija en mano, bufanda raída al cuello. Se fijó en su reloj, lo guardó y no tardó más de treinta segundos en volver a consultarlo. El tiempo estaba de su lado, pero cuando se trataba de trabajo no le gustaba correr riesgos.
—Permiso, che, permiso —fue haciéndose paso entre la multitud.
Ese cuarto del segundo piso no iba a ser tan permanente cómo terminó siendo. El contacto con el Termo Funes, su amigo de años, lo llevó a la dueña del edificio Arenales, la señora de González: una viuda que a sus sesenta pretendía sin éxito hacerse pasar por una cuarentona. Un primer encuentro para conocer el lugar le dio a Carlitos la seguridad de que no iba a quedarse allí, y mucho menos aun cuando la propietaria se empeñaba en pegársele demasiado al hablar y enseguida, “¡qué odioso!”, lo tomaba del brazo. Carlitos no gustaba del contacto físico y se sacudió todo lo gentil que pudo aquel agarre. Pero la señora insistía e insistía. Y se reía de un modo… El joven notó que no solo exponía su dentadura amarilla e incompleta, sino que se mostraba risueña ante comentarios que él decía sin intención de ser gracioso. “¡Ay, qué divertido que sos, nene!” y ¡zas!, manito al brazo. Él se preguntó si apestaba más la casa o su propietaria.
Pero hubo un solo hecho que inclinó la balanza.
No fue el precio, porque podía permitirse algo mejor con los ingresos que no paraban de crecer. La última producción era todo un éxito.
Tampoco la ubicación, que a ciencia cierta sí era muy buena.
Eran los gatos.
Llegó a contar seis distintos, todos diferentes en colores y tamaños. Estaban en la calle, en el pasillo, en el cuarto…
Cuando vio esa gata blanca, enorme, con su pelaje largo, le pareció que estaba hecha de algodón. La vio en la ventana, como si fuera la dueña verdadera del lugar, y dueña también de una mirada con la soberbia que solo se puede apreciar en los felinos.
Fue entonces que decidió quedase.
Por supuesto que consiguió tomar el avión. Si hasta fue el primero en abordarlo. Pero él se sintió tranquilo con su proceder: “mejor que sobre y no que falte”, se dijo mientras acomodaba su pañuelo. La fragancia que tenía era suave: de ser fuerte no podría llevarlo tan cerca de la nariz por tanto tiempo.
El traqueteo de la aeronave tenía preocupada a la damisela sentada a su lado, por lo que no paraba de hablar como para aturdirse y no pensar. Carlitos trató ser amable y seguirle el dialogo aunque hubiera preferido dormir un poco más: el vuelo a Colombia tomaría varias horas.
Aunque algo le venía revolviendo los sesos, desde el momento en que se despidió de la señora de González por la mañana.
El baka de su madre.
La procedencia francesa de sus padres le había dejado varias cosas pintorescas, pero el baka era la mayor. La cajita de madera de su madre lo encerraba desde hacía años y, como bien le había enseñado ella, no debía abrirla por ningún motivo. Una amiga de ascendencia africana se lo había obsequiado poco antes de fallecer, varias décadas atrás, antes del cambio de siglo. Y con él, la familia había sobrellevado bien la Gran Guerra. El rito del rezo, la ofrenda y la invocación en los momentos necesarios, se transmitía de generación en generación. El poder del baka se basaba en la fe que uno le otorgaba.
Aquella mañana Carlitos estuvo a punto de tirarlo: tomó la pequeña cajita con asco, estaba tapada de polvo, y la agitó un poco. Se preguntó qué tendría dentro. Unos segundos la estudió: los maderos eran pequeños pero resistentes; sin embargo, el hilo estaba muy cortajeado y no faltaría mucho para que se rompiera solo.
Reconoció que llevaba mucho sin cumplir con el rito aprendido, el trabajo era cada vez más demandante, con viajes al exterior incluidos.
Mientras todo temblaba a tantos pies de altura se preguntó si había hecho bien en zamarrear al baka y dejarlo tan desamoradamente sobre la mesa.
Un día sin lluvia era un día para dejar la ventana abierta, para que el aire de la ciudad paseara por el cuarto y se llevara un poco de su aroma a encierro natural. Ni con todas esas plantas, o flores recibidas, se iba del todo la peste.
Pero la señora de González no quería correr el riesgo de olvidarse abierta aquella ventana y que Carlitos se le fuera a enojar. Pocas horas después de su partida, se dirigió al cuarto rodeada de su troupe gatuna.
Y al abrir la puerta se horrorizó al encontrar a la gata mayor sobre la mesa, mordisqueando algo.
Ningún pasajero de aquella aeronave creyó posible aterrizar en tierras colombianas.
La última hora del vuelo la atravesaron con la turbulencia más salvaje que habían conocido. Parecía como si Dios mismo estuviera atacando la aeronave.
Cuando todo hubo quedado atrás, Carlitos descubrió cómo la pasajera de al lado lo tenía atrapado del brazo, con las uñas clavadas como un gato, y el rostro cubierto de lágrimas apoyado en su hombro. Esta vez no le molestó.
Se rio, con esa sonrisa tan suya, y pudo serenarla. Ella lo reconoció recién entonces y, por un momento, todo el terror se disipó.
Carlitos le firmó un autógrafo con todo placer.
Se sorprendió al darse cuenta de que en ningún momento había pensado en pedirle socorro al amuleto africano.
La señora de González barría toda la mugre apurada, aun sabiendo que faltaban días para el retorno de su inquilino. La impresión de ver esos bichos secos envueltos en el polvo de hojas y flores resecas casi le impedía cumplir su función. La gata blanca jugaba con una araña enorme, mientras los demás felinos intentaban tocarla con suma desconfianza.
El baka yacía destruido en el suelo, sin conciencia de que alguien miles de kilómetros al norte había dejado de creer en él.
El cantante llegaba a Medellín.
Sebastián Luque - iz escribió: ↑Vie Nov 04, 2022 1:53 pm
Histórico – Sobrenatural – Felino
Excelente relato, me gustó muchísimo. La historia del accidente la conozco por Piazzolla, que se salvó de ir en esa gira. A mi padre le gustaba mucho la música de Gardel (a mí también me gusta, pero sólo conozco los temas más famosos), en sus últimas semanas vio dos de sus películas que le conseguí por YouTube. Pero de vuela al relato: está muy bien redactado y me encanta cómo una serie de eventos terminan con consecuencias que solo son claras al saber quién es el personaje. De verdad muy bueno.